Un laberinto parecido a las flores, como ese sencillo paso por alguna molécula de aire sólido. Deambulo desde la otredad que me he vuelto, desde el silencio que augura alguna pesadilla de Nochebuena (como si olvidar depende del recuerdo). Los laberintos de la flores -aquí voy a detenerme-, vienen desde el portal más cercano a la reminiscencia, esa facultad de ensueño, como quien recurre a la noche, o comienza en medio de algún ágora de luz, y sobretodo de oscura reflexión. Soy todos estos laberintos que piso en subida, estas manos que disgregan mi espalda, y esta cuesta que sabe a nublado desde todos los fondos de mí misma. Continúo...el laberinto que más recuerdo posee el pecado de nunca dejarme atrapada, como despertando siempre al inicio de la pesadilla. Volviendo a las subidas, soy el miedo más cercano a mi humanidad. No hay parecido en esto que llego y esto que describo. Algunas veces él me llama desde el insomnio "¿Por qué te escondes?", dice como queriendo atrapar una luciérnaga, "No temas, no temas", dice como queriendo arrullar un colibrí. Escapar de la ausencia del ser, como si el escondite se descubre al cielo. Rápido. Debo seguir ascendiendo. Rápido. Pronto voy a despertar.
-Abygail Ciagrra